sábado, 17 de julio de 2010

"La Revolucion"


En mi habitación la cama esta aquí, el armario allá y en medio la mesa.
Hasta que esto me aburri
ó. Puse entonces la cama allá y el armario aquí.
Durante un tiempo me sent
é animado por la novedad. Pero el aburrimiento acabo por volver.
Llegue a la conclusió
n de que el origen del aburrimiento era la mesa, o mejor dicho, su situación central e inmutable.
Traslad
o la mesa allá y la cama en medio. El resultado fue inconformista.
La novedad volvi
ó a animarme y mientras duro me conforme con la incomodidad inconformista que había causado. Pues sucedió que no podía dormir con la cara vuelta a la pared, lo que siempre había sido mi posición preferida.
Pero al cabo de cierto tiempo la novedad dejo de ser tal y no quedo m
ás que la incomodidad. Así que puse la cama aquí y el armario en medio.

Esta vez el cambio fue radical. Ya que un armario en medio de la habitación es mas que inconformista. Es vanguardista.
Pero al cabo de cierto tiempo...Ah, si no fuera por ese "cierto tiempo".Para ser breve, el armario en medio también dejo de parecerme algo nuevo y extraordinario.
Era necesario llevar a cabo una ruptura, tomar una decisi
ón terminante. Si dentro de unos límites determinados no es posible ningún cambio verdadero, entonces hay que traspasar dichos límites. Cuando el inconformismo no es suficiente, cuando la vanguardia es ineficaz, hay que hacer una revolución.
Decidí dormir en el armario. Cualquiera que haya intentado dormir en un armario, de pie, sabr
á que semejante incomodidad no permite dormir en absoluto por no hablar de la hinchazón de pies y dolores de columna.


Slawomir Mrozek


jueves, 8 de julio de 2010

El Gorrión




Hab
ía un gorrión minúsculo que, cuando retumbaba el trueno de la tormenta, se tumbaba en el suelo y levantaba sus patitas hacia el cielo.
-
¿Por que haces eso? -le pregunto un zorro.

-
¡Para proteger a la tierra, que contiene muchos seres vivos! -contesto el gorrión-. Si por desgracia el cielo cayese de repente, ¿te das cuenta de lo que ocurriría? Por eso levanto mis patas para sostenerlo

-
¿Con tus enclenques patitas quieres sostener el inmenso cielo? -preguntó el zorro.

-Aqu
í abajo cada uno tiene su cielo -dijo el gorrión-. Vete... tú no lo puedes comprender...

Anónimo turco

viernes, 7 de mayo de 2010

viernes, 18 de diciembre de 2009

CARTA DE PEDRO LEMEBEL A PIÑERA

Demasiado barato quiere comprar este paisito, don Piñi; usted que va por la vida tasando y preguntando cuánto vale todo. Y de un guaracazo se compra medio Chiloé, con botes y palafitos incluidos. Con cerros, bosques y ríos, hasta que se pierde la mirada en la distancia, le pertenece a usted.

¿Cómo puede haber gente dueña de tanto horizonte? ¿Cómo puede haber gente tan enguatada de paisaje? Me parece obscena esa glotonería de tanto tener.

Me causa asombro que, más encima, quiera dirigirnos la vida desde La Moneda.

Muy barata quiere rematar esta patria, don Piñi, y sólo con un discurso liviano de boy scout buena onda. Pura buena onda ofrece usted, don Piñi boy, como si estuviera conquistando al populacho con maní y papas fritas. Nada más, el resto pura plata; empachado de money, quiere pasar a la posteridad sólo por eso. Porque cuando citamal a Neruda se nota que a usted le dio sólo para los números y no para la letra.

Es decir, usted es puro número y cálculo, señor Piñi, poca reflexión, poco verbo, poca idea, aunque esa es la única palabra que usa entre sus contadas palabras efectistas. Buena onda y futurismo.

Las heridas se parchan con dólares. La memoria queda atrás como una tétrica película que olvidar. Sin vacilar marchar, que el futuro es nuestro (parece himno de la juventud nazi). Así arenga usted a este pueblo embelesado con los adelantos urbanos hechos por la

Concertación. Nadie sabe para quién trabaja, y usted la encontró lista.

O sea, usted se pasa de listo, don Piñi. Quiere hacernos creer que siempre fue demócrata, pero lo recordamos clarito sobándole el lomo a la dictadura, haciéndole campaña a Büchi, amigote de la misma patota facha que le anima la campaña. Los peores, la gorilada del terror. Parece que este suelo nunca aprendió la lección, ni siquiera a golpes, y con facilidad se traga el sermón de la derecha pinochetista, ahora remasterizada con piel de oveja neoliberal. Pero son los mismos de entonces, soberbiamente gozando los privilegios de la democracia que conseguimos nosotros, y sólo nosotros, porque también yo dudo que en el plebiscito votara que no simpatizando por la derecha.

Mire usted qué fácil le resultaba tratar de transformar el Mapocho en un Sena con sauces. Puro arribismo, intentar esticar con terracitas y botecitos parisinos a nuestro roto Mapocho, quizás lo único rebelde que le va quedando a esta ciudad.

Qué delirio, míster Piñi, ¿por qué no se va a Europa si cacha que nunca va a poder blanquear la porfiada cochambre india de nuestra raza?

Quizás todo el país se acuerda de usted formando parte de la nata panzona del derechismo empresarial. Por entonces, en aquella época de terror, quien hacía fortuna de alguna manera era a costa de las garantías de la represión. Usted llenaba sus arcas, don Piñi, y nosotros sudábamos la gota gorda, o la gota de sangre. Fíjese que no se nos ha olvidado, y nunca se nos olvidará, aunque a usted le reviente que el pasado aflore cuando menos se lo espera. A usted ni a sus yuntas de pacto les conviene el pasado, por eso miran turnios y amnésicos al futuro.

Su discurso Disneyworld, míster Piñi, no resiste análisis, y sólo el arribismo miamista de algunos chilenos le compra su receta de vida fácil, su filosofía banal de texano paticorto. Usted me recuerda a Bush, a Menem, Piñito. Es la nueva derecha titiritesca y farandulona.

Puro show, pura foto tecnicolor de mundo feliz con sus sombreros republicanos en el Crown Plaza.

Pero le falta la cultura a su centroderecha inmediatista. No hay peso intelectual en su carnavaleo de propaganda. Nada más que modelos tetudas y parientes de hippysmo revenido. Demasiado barato quiere rematar este país, Piñito. Ni siquiera basta con su cátedra fantasma en las aulas de Harvard.

Tampoco, usar de propaganda la limosna que puso por mi amiga Gladys en sus últimos momentos; eso es muy feo, y de mal gusto. Sobre todo para usted que es tan humanista cristiano. Porque usted es pillo, Piñín. Quiere sacar adherentes de todos lados, como si este país fuera sombrero de mago. Lástima que la oferta de su vanidosa feria de variedades huele a ventaja populista.

Nada más, don Piñi; el resto, esperar con cueva lo que ocurra en el 2009.

PEDRO LEMEBEL

viernes, 20 de noviembre de 2009

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Es re antigua, pero aunque no lo crean aun hay personas que no la conocian...

sábado, 14 de noviembre de 2009

NOVIEMBRE



Una pantalla propia



Por: Alberto Fuguet*

No quiero que todo sea virtual. A veces siento que las mejores mentes de mi generación se van a perder en Twitter. Quiero usar la tecnología y estar conectado, pero no tanto. Uno se olvida de reconectarse consigo mismo. Por eso agradezco que se me haya cruzado WriteRoom, el software que con su pantalla negra y su estática Pong te aisla agradablemente del mundo.

Estoy escribiendo este ensayo-columna-artículo en un software especial llamado WriteRoom, creado por Hog Bay Software. Un amigo me envió el link y me dijo "apúrate, es gratis por cinco días más". No estaba de cumpleaños, pero ha sido uno de los grandes regalos que he recibido este año. Además, el link me llegó en un momento clave: justo cuando sentía que ya tenía demasiada información en la mente, 44 mails sin responder en mi casilla de borradores (raro como uno empieza a odiar a la gente que te escribe, ¿no?) y una promesa personal de no ingresar a Twitter por mucho que todos me insisten en decir que cada vez estoy más "2006".

Quizás.

De inmediato lo descargué y ya estoy adicto a este nuevo invento tecnológico que, como todas aquellas grandes creaciones, lleva a la práctica algo en extremo simple. En este caso, la sensación y la sensualidad y la confianza que ocurre o ocurría cuando alguien escribía en papel.

El software, al que ya bauticé como A Room of My Own, para citar a Virginia Woolf, mujer algo alterada que, se me ocurre, no hubiera sido capaz de soportar tanto ruido digital externo, es genial. El concepto es tan, tan anti-tecnología que uno se olvida que es gracias a la tecnología que el programa te permite desenchufarte.

Cuando alguien escribía algo que le importaba en silencio.

El software, al que ya bauticé como A Room of My Own, para citar a Virginia Woolf, mujer algo alterada que, se me ocurre, no hubiera sido capaz de soportar tanto ruido digital externo (de hecho, no fue capaz de tolerar el suyo), es genial. Cumple con creces lo que promete. No soy programador y no tengo claro cómo se logra, pero el concepto es tan, tan antitecnología que uno se olvida que es gracias a la tecnología que el programa te permite desenchufarte.

Aislarte.

Alejarte.

No sólo del 2009 sino que te lleva lisa y llanamente a la era del Pong.

Con una estética retro, un color verde-NASA que ninguna marca de jalea se atrevería a colocar en el mercado y un cursor que parpadea como si fuera un ex novio de Miss Pac Man, lo cierto es que el tipo (supongo que es un tipo porque el concepto es extremada y masculinamente geek y de alguien que entiende lo importante de cerrar la puerta y ponerle doble candado) que inventó esto tiene algo de genio. De iluminado. Claramente entiende el estado de las cosas. Sabe que estamos bendecidos por la tecnología, pero también entiende que para realmente poder estar despierto es clave dormir todas las noches.

Facebook

Es clave apagar la tele.

La verdadera gracia de WriteRoom es una: te aísla del mundo para que puedas escribir apagando/negando el propio computador en el cual estás escribiendo. Tal como partió todo en los 70. WriteRoom te da una pantalla propia negra y te deja escribir y escribir con una letra verde. Como gran extra, te marca en rojo cuando tu ortografía te traiciona o estás tipeando demasiado rápido. Eso es más o menos todo. Todo. Sin extras, sin inventillos cool. Básico. El programa incluso no piensa en caracteres, piensa en palabras. Cuando terminas o deseas salirte, te guarda lo que has escrito en el más simple de los formatos: texto o .txt (¿alguien realmente usa todo lo que le ofrecen los procesadores de palabras?). Luego, cuando ya has terminado, y si uno desea, inserta lo que escribiste en silencio en un documento Word o en Final Draft o en un blog o lo subes a Facebook o al invento del mes.

Lo genial de WriteRoom es todo aquello que no tiene: no te ofrece mucho y en esa cero-oferta está su sabiduría. Eso es todo. Y no es poco. Esta pantalla negra que se apodera de tu computador no te deja ver tus documentos o tu screen-saver. No te deja multi-taskear o ver, vía Growl, qué nuevo mail te llegó. Tampoco te enteras cómo va tu bajada de torrent o quién twitteó o actualizó su blog. No te deja navegar, escuchar música, ver tonteras en YouTube. No sabes qué hora es ni qué noticia está acaparando la atención de los demás, de los que están "allá afuera". Ya no necesitas buscar un sitio donde no haya conexión wifi. Si uno desea googlear algo o contestar un mail, debes salirte de tu pantalla negra tipo pizarrón. Y cuesta salir. Cuesta porque sabes que debajo de esa gran cortina de terciopelo negro está el mundo. El real, el digital, la suma de los dos. Aquellos que escriben saben que, para escribir del mundo, el mundo es tu peor enemigo.

Creo en la red, creo en la banda ancha, y a pesar de celebrar cada invento tecnológico, me gusta el ruido de la campana que anuncia el fin de una descarga. Sin embargo, aún creo en el cara a cara, creo que es mejor hablar corto por teléfono que enviarse mails largos, sigo sospechando que tener 352 amigos en Facebook es señal de soledad.

Antes, al menos, el mundo estaba más lejos. Era ancho y ajeno y descansaba.

Con este software he escrito más, he podido cerrar el computador sin tener que apagarlo. Pero uno lo apaga mentalmente. WriteRoom tiene una meta clara: que apagues todo. Y si uno coloca en silencio su celular, mejor. Las cosas sí pueden esperar. Lo que no puede esperar, lo que no admite espera, es la conexión profunda. Y me he sentido más conectado a lo que escribo que cuando, hace unas semanas, escribía de a trozos o a borbotones, pensando en otra cosa.

A veces pienso que, en rigor, soy 1.5 para usar la jerga. Quiero estar conectado, pero no tanto. No quiero ser un resentido antifuturo y seguiré insistiendo que el pasado siempre ha sido peor, pero tanto presente me está superando.

En rigor, me superó.

Quiero usar la tecnología, quiero sacarle provecho, descargo podcasts y leo The New York Times antes que Manhattan despierte, pero no quiero que me domine. No quiero que todo sea virtual.

Pienso en Allen Ginsberg y su famoso verso: he visto a las mejores mentes de mi generación perderse en manos de la locura. A veces siento que las mejores mentes de mi generación se van a perder en Twitter. He visto esos ojos idos que navegan y navegan horas y no encuentran nada. He visto esos dedos hinchados y rojos de tanto chatear con gente que no quieren conocer. He visto conversaciones entre dos donde el BlackBerry termina interponiéndose como un muro.

Creo en la red, creo en la banda ancha, y a pesar de celebrar cada invento tecnológico, me gusta el ruido de la campana que anuncia el fin de una descarga, pero tengo claro que, al menos para mí, mucho puede ser, a la larga, poco.

Aún creo en el cara a cara, aún creo que es mejor hablar corto por teléfono que enviarse mails largos, sigo sospechando que tener 352 amigos en Facebook es señal de soledad o, al menos, de ansiedad digital.

Una cosa es estar conectado y otra, muy distinta, desconectarse de sí mismo por tratar de estar conectado.

* Periodista, escritor y cineasta.

sábado, 17 de octubre de 2009

Amor a segunda Vista

Siempre te miré de lejos, no me agradabas, me sentía incomoda cuando estaba cerca tuyo, eras lindo pero no tan lindo...te veía triste, distante, sin embargo poco a poco te fui conociendo y me di cuenta que me gustabas, que me sentía atraída por ti, que quería conocerte aun más, sentirte, respirarte, hasta llegar a amarte, y en eso estoy querido Puerto Montt...
Ciudad bella, de cerros y viento.Costanera eterna de recovecos escondidos.
Llena de delicias son tus costas, abundancia es poco comparado contigo.
Me atendiste como se atiende a las visitas esperadas,me hiciste sentir en casa...
Nació en mi, el deseo de querer volver...
Cada uno de tus rincones esta lleno de nostalgia que me transporta a casa, me evocas a mis calles, a mi gente, a mi vida ...Eres una mezcla perfecta entre Santiago, Valparaiso y Cartagena pero con todo el amor de la gente del Sur.Y poco a poco te voy haciendo mío...¿quien dijo que la colonización sureña ya terminó?

lunes, 12 de octubre de 2009

Renacimiento

En el Zen, tú vienes de la nada y estás yendo a la nada. Tú estás en el aquí, ahora. Ni vas ni vienes. Todo pasa a través tuyo: tu conciencia lo refleja pero no se identifica. Cuando un león ruge frente a un espejo, ¿piensas que es el espejo el que ruge? O, cuando el león se ha ido y llega un niño bailando, el espejo se olvida completamente del león y empieza a danzar con el niño, ¿piensas que el espejo danza con el niño? El espejo no hace nada: Simplemente refleja.Tu conciencia es únicamente un espejo. Ni vienes ni vas. Las cosas van y vienen.Te vuelves joven, te vuelves viejo; estás vivo, estás muerto. Todos estos estados son simples reflejos en un remanso eterno de conciencia.